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miércoles, 12 de enero de 2022

Pobreza menstrual

» Dos de cada diez mujeres en España no pueden permitirse comprar productos para la higiene menstrual

Productos de la "tasa rosa"| Fuente: Unión de Consumidores de Extremadura

En los últimos meses, el Ministerio de Igualdad ha expresado su interés en incluir una "tasa morada" en los presupuestos del Estado General de 2022 para reducir el IVA de compresas, tampones, copas menstruales y otros artículos de higiene para personas mayores y dependientes. Aunque esto de la "tasa morada" puede que no nos resulte familiar, puede que nos suene más eso de "tasa o impuesto rosa", ese coste añadido que tienen los productos destinados a mujeres pero que además tienen la misma función que los de los hombres, como, por ejemplo, las maquinillas de afeitar que nos venden de color rosita y a un precio más alto. Y como ese, muchísimos artículos más, que van desde la ropa hasta los juguetes, y que no solo ocurre en España, sino en muchos países del mundo. 


La apuesta de la Consejería de Igualdad por el "impuesto morado" responde a las demandas de las mujeres que llevan años insistiendo en que gastan más en productos de higiene menstrual y de las familias que presionan para que se elimine el IVA excesivo de los pañales y productos de higiene de menores y mayores, como si se tratara de un lujo, cuando en realidad son necesarios para el cuidado. No tiene sentido pagar el 10 % de IVA en los tampones, mientras que la viagra solo tiene un impuesto del 4 %. Las copas menstruales, los tampones y las compresas son esenciales, y la falta de ellos puede causar problemas de salud sexual y reproductiva a las mujeres.


Y aquí quiero detenerme un poco, porque aunque felicito la iniciativa de reducción del IVA, necesaria y urgente, todavía es parte del tránsito hacia un objetivo. Y es que se debe eliminar por completo los impuestos para estos productos, para así eliminar la pobreza menstrual en España. Sí, aunque puede parecer increíble, aún muchas mujeres de nuestro país deben elegir entre comprar alimentos o comprar compresas. Específicamente, 2 de cada 10 no pueden permitirse comprar productos para la higiene menstrual y esto ha ido a peor con la pandemia. Pero la pobreza menstrual no solo se trata de la escasez de dinero absoluta para comprar estos productos, también de la dificultad económica para acceder a ellos, y esto hace que sean muchas más las mujeres que no puedan obtenerlos, especialmente, mujeres precarizadas, migrantes, con discapacidad...


Los impuestos sobre estos productos ya han sido eliminados en otros lugares como Kenia, Canadá, Colombia, India, Reino Unido, recientemente en México, etc. Por ejemplo, en Nueva Zelanda y Escocia, sus gobiernos ordenaron distribuciones gratuitas a quienes no podían pagarlas. Es muy importante entender que no se trata sólo de una cuestión económica, sino sobre todo de una cuestión de derechos. Menstruar en condiciones dignas y bajo unos mínimos de salud es un asunto de salud sexual y reproductiva y frente a esto debe existir una responsabilidad del Gobierno. La salud menstrual no puede convertirse en una mercancía basada en el poder adquisitivo humano, es parte de un mundo de derechos sexuales y reproductivos reconocidos en el derecho internacional como parte integral del derecho a la salud y la regulación, y esto no puede ser ignorado cuando hablamos de estos temas. No se trata de concesiones generosas por parte del Estado, sino del cumplimiento de sus obligaciones. La pobreza del ciclo menstrual es un hecho que afecta a los colectivos más excluidos, que, como todo el mundo, no pueden elegir si menstruar o no, ni deben elegir entre comer o comprar una caja de tampones.


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