Dentro del armario de la Andalucía rural - Diario Andaluz

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lunes, 10 de enero de 2022

Dentro del armario de la Andalucía rural

AUTOR | CARLOS ANTÚNEZ DURO


» Un viaje a través de varios testimonios en primera persona que recogen la realidad del colectivo LGBTI en la Andalucía rural mostrando sus desafíos y las situaciones más duras a las que se han tenido que enfrentar a lo largo de su vida


La realidad del colectivo LGBTI en los pueblos andaluces | Imagen: El Huffington Post


Encontrar testimonios de personas pertenecientes al colectivo LGBTI en un pueblo no es tarea sencilla. Si a día de hoy ser gay, lesbiana o transexual en una ciudad aún es una tarea difícil, lo es mucho más en las zonas rurales, donde todo el mundo se conoce. Esto no quiere decir que haya más o menos LGBTIfobia en los pueblos, sino que la experiencia es distinta. Hasta hace relativamente poco en Fuentes de Andalucía, un pequeño municipio sevillano de poco más de 7.000 habitantes, el amor entre personas del mismo género debía vivir “dentro del armario”.

“En los pueblos hay mucha gente que se cree con derecho a opinar sobre tu vida”, dice Cristina, una de las vecinas. Es lesbiana y hace un par de años se mudó a Sevilla a estudiar su pasión, la medicina. Desde entonces reconoce que se siente mucho más libre porque “haces lo que quieres sin el miedo al qué dirán”, explica. “Aquí en el pueblo me ha costado mucho ser visible. Siento como que no pasa nada por ser lesbiana pero a la vez como que no puedo reconocer públicamente que lo soy. En tu casa haz lo que quieras pero en la calle mejor no, quizás esa es la frase que mejor definiría mi situación”, añade esta joven veinteañera. Sin embargo, explica que conoce a vecinos y vecinas que aún no se atreven a exteriorizar su orientación.

Vivir con miedo

La familia, los amigos, las tradiciones y el temor al rechazo social son algunos de los principales miedos a los que deben plantar cara diariamente aquellos y aquellas homosexuales que habitan en zonas rurales. Otro de los vecinos, Javier, de 32 años, es bisexual aunque reconoce que desde que estaba en el instituto siempre se habían referido hacia él como “el maricón”. Una muestra de la bifobia e invisibilidad que sufre esta parte del colectivo. Salió del armario hace poco más de cinco años aunque todavía no se ha borrado de su mente la “preocupación” al pensar que sus vecinos podían enterarse de su orientación sexual. “Cuando paseaba por la calle sentía que todo el pueblo me juzgaba a mi espalda”, dice. Tenía miedo al estigma y la marginación incluso por parte de su familia. “Es difícil salir del armario cuando no conoces a nadie igual que tú”, lamenta. Sin embargo celebra que “afortunadamente esta situación está cambiando en el pueblo entre las generaciones actuales de adolescentes, veo que ahora hay jóvenes que se muestran públicamente tal y cómo son y lo llevan con todo tipo de naturalidad”.


"Cuando paseaba por la calle sentía que todo el pueblo me juzgaba a mi espalda"


Javier cree que algunos miembros de su familia, de ideología conservadora, nunca le han llegado a aceptar. “Aún hay mucha gente que no acepta la bisexualidad, me han llegado a llamar vicioso”, lamenta. Sus padres le apoyaron desde el primer momento aunque explica que se lo tomaron con incredulidad. “Los dos me decían que mejor no se lo contase a mis amigos porque tenían miedo a la reacción del pueblo aunque la verdad es que a mí, llegado a cierta edad, me importaba entre cero y nada lo que pensara la gente que no fuese de mi entorno más cercano”, zanja.

Intolerancia en las aulas

El paso por el instituto fue una de las etapas donde Miguel Ángel más de cerca sufrió la intolerancia y la homofobia en primera persona. Este joven reconoce que tiene grabados a fuego algunos hechos que ocurrieron en su clase. “Tan sólo una vez en los seis años que estuve en el instituto vinieron a darnos una charla sobre tolerancia hacia la comunidad LGBTI”, se sorprende. “Fue bastante incómodo para mí, las miradas de todos mis compañeros y compañeras se clavaron en mí”.

Este no fue un episodio aislado, recuerda la inseguridad de aquellos años porque el acoso y los insultos se repetían de forma frecuente e incluso reconoce haber sufrido algún ataque de ansiedad cuando llegaba a casa. “Ir a clase se convertía en un infierno”, lamenta. Con el tiempo todas esas reacciones fueron desapareciendo y ahora se siente orgulloso de no ocultar su orientación sexual. La mayor parte de su vida ha transcurrido en Fuentes de Andalucía. Abandonar su pueblo, donde actualmente trabaja como administrativo y mudarse a una gran ciudad no está en sus planes. No es el caso de otras muchas personas LGBTI a las que les da pánico mostrar públicamente su identidad sexual y se ven obligados a hacer las maletas.


"En tu casa haz lo que quieras pero en la calle no, esa es la frase que mejor define nuestra situación"


Cristina dice que ya no ve diferentes los días que pasa en Sevilla a los que pasa en el pueblo. Lo que cambia, explica, es la mentalidad y la madurez de la gente. “Cuando va pasando el tiempo, todos maduremos y los mismos chavales que con 13 años te hacían la adolescencia imposible llamándote marimacho, cuando cumples los 18 son tus colegas y más con el paso de los años. Aunque esa madurez ya no es por el hecho de ser de pueblo sino va en cada persona, y vale para todo en la vida no solo para este tema”.

En cambio, Miguel Ángel no ha retomado la amistad (si es que alguna vez la hubo) con aquellos compañeros de clase que le dieron de lado en el instituto. Sin embargo, hace un tiempo, uno de esos chicos que no se quitaba la palabra “maricón” para dirigirse a él, se lo encontró en un bar del pueblo y acabó pidiéndole disculpas. “Se lamentó varias veces por su comportamiento conmigo en el instituto, reconoció que se pasaron mucho y que en esa época eran muy tontos”, cuenta. Para él, esto ya es un pequeño avance y una victoria a su manera pese a todo lo sufrido.

Vandalismo LGBTIfóbico

Hace año y medio, el Ayuntamiento de Fuentes de Andalucía instaló símbolos a lo largo y ancho del pueblo para crear conciencia social acerca del respeto al colectivo LGBTI. Entre ellos, un banco pintado con los colores de la bandera del arcoíris.  Pequeños gestos que pretenden dar visibilidad a la tolerancia y la igualdad al margen de cualquier orientación sexual. Sin embargo, este banco por la libertad fue destrozado y pintado de negro en un acto de vandalismo. Varios vecinos denunciaron en redes sociales su malestar ante estos hechos, entre los que destacó el mensaje de Miguel Ángel: “Esas personas saben que lo que han hecho está mal, ya no solamente por destrozar algo del pueblo, si no porque están directa o indirectamente contra un colectivo de personas que no hacemos otra cosa que reclamar una igualdad social a la que, demostrado queda con estas pintadas, no hemos llegado todavía”, manifestó.

Banco pintado con los colores de la bandera del arcoíris en Fuentes de Andalucía | Imagen: Carlos Antúnez

Otros muchos atacaron al ayuntamiento de la localidad por destinar dinero público a estos símbolos. Para el disgusto de todos y todas los que luchan por la libertad en el pueblo, fueron varios los comentarios en contra por parte de algunos vecinos. Así, mensajes ofensivos como “ahora porque tengamos un concejal homosexual hay otras prioridades, ¿la pintura de qué dinero sale? Me gustaría saber esa información” o “si te sientas en ese banco te entra el VIH” fueron publicados durante la semana del Orgullo LGBTI en el muro de Facebook del consistorio. “Es indignante que en pleno siglo XXI todavía haya gente que no respete la diversidad y la convivencia en un pueblo en el que todos debemos sentirnos representados”, condenan desde el Ayuntamiento de Fuentes. Días después, el banco fue recompuesto frente al odio que existe por parte de algunos vecinos y fue apoyado por una inmensa mayoría. No obstante, a través de esta polémica quedó reflejado la verdadera lucha por la que aún atraviesa el colectivo en los pueblos.

Poco a poco se van produciendo avances en cuanto a esta problemática social y algunas cosas están cambiando no solo en Fuentes de Andalucía sino en muchos municipios de poca población. Cada vez más gente, sobre todo jóvenes, logran visibilizarse con el apoyo de sus familias. Todos los testimonios recogidos coinciden en que les ilusiona y celebran que en este momento haya mucha más gente perteneciente al colectivo LGTBI. Esos armarios cerrados de la España rural que da título a este reportaje se van abriendo poco a poco gracias a la lucha de unos pocos en los pequeños pueblos de nuestra geografía pese a que aún queda mucho por avanzar frente al odio y la estigmatización de unos pocos.

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