Cambios obligados - Diario Andaluz

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lunes, 20 de diciembre de 2021

Cambios obligados

» El País Vasco fue la comunidad con los docentes mejores preparados para la enseñanza virtual

» "Creo que hemos dado un avance forzado en Nuevas Tecnologías, pero aún queda mucho por conseguir"


Un chico da clase a través de un ordenador en su casa| Fuente: América Digital
 

En noviembre del 2019, sonaban sirenas desde China de que un virus comenzaba a enfermar a las personas que lo contraían en Wuhan, una ciudad del país asiático. En Occidente, las noticias se acataban sin importancia, como un virus que nunca llegaría a nuestras fronteras. 

Pero nos equivocamos. Conforme pasaba el tiempo, los fallecidos y contagiados aumentaban y la COVID-19 volaba, como aquel murciélago que apareció en múltiples fotos como núcleo del virus, hacia medio mundo. Las conspiraciones contra China empezaban a surgir desde todos los rincones. Las más sonadas, las que llegaban desde los Estados Unidos de América, a través del entonces presidente Donald Trump. Poco a poco, los países se vieron afectados y las preocupaciones comenzaron a teñir Europa. Italia, fue el primer país que confinó a su población por la creciente ola de contagiados y fallecidos que sufría, la seguirían todos sus países vecinos del continente. La incertidumbre se apoderaba de la sociedad, que no sabía a qué se enfrentaba y cómo era aquel virus que alarmaba al mundo.


En España, el día señalado para la historia fue el jueves 13 de marzo. Tras el cierre de las escuelas, institutos y universidades por parte de las Comunidades Autónomas, Pedro Sánchez saldría en televisión informando que nuestro país entraba en Estado de alarma, la segunda vez desde que entró en vigor la Constitución española de 1978. La primera vez fue en 2010 durante el Gobierno de José Luis Zapatero cuando los controladores aéreos del país convocaron una huelga el 4 de diciembre.


La pesadilla la empezaron a vivir en primera línea y de la peor manera posible. La población española se encerró en sus casas, trabajando y estudiando desde sus habitaciones, y la creatividad de la sociedad floreció hasta límites insospechados. Los estudiantes y todo el personal educativo fueron de los más afectados, pues se vieron sin recursos para continuar con una educación de calidad


Según informa el documento normativo de Aprendemos en casa, el Gobierno español creó un programa educativo especial de cinco horas diarias, puesta en marcha el 23 de marzo en colaboración con Radio Televisión Española (RTVE), con contenidos dirigidos a alumnos y alumnas de 6 a 16 años. Esta iniciativa pretendió facilitar el aprendizaje durante la suspensión de la actividad lectiva presencial, especialmente a los estudiantes de familias socialmente vulnerables, a quienes vivían en territorios con dificultades de conexión a la red y al alumnado que por las condiciones de confinamiento tenían problemas para compartir el ancho de banda. A partir del día 1 de junio, se emitió solo en Clan TV de 9 a 11 horas de la mañana. Junto a los vídeos sobre contenidos curriculares, se emitían otros de carácter más lúdico: entrevistas, vídeos realizados por niños y niñas, retos de Training Wheel, rutinas de ejercicio físico, etc.


Que España no estaba preparada para afrontar la pandemia es un hecho, teniendo en sus filas a un 40% de docentes con las habilidades necesarias para integrar la tecnología en la enseñanza. Este dato, según PISA, es muy parecido a los valores que países como Italia, Suecia e Irlanda tuvieron durante los meses de confinamiento. Al igual ocurría en países sudamericanos como Brasil, Perú y Argentina. Asimismo, el país con un porcentaje más bajo de docentes con las habilidades necesarias para integrar la tecnología en la enseñanza fue Japón, de manera sorprendente.


Si nos centramos en España, la comunidad que contaba con los docentes mejores preparados para la enseñanza virtual fueron el País Vasco mientras que la peor fue su vecina Navarra.

Mapa de España en porcentaje con la disponibilidad de plataformas onlines de apoyo a la enseñanza| Fuente propia


Mapa sobre las habilidades de los docentes| Fuente propia

Yo sí, pero mis alumnos no. A algunos les fotocopiábamos las tareas y a través de asuntos sociales se las hacíamos llegar porque no tenían los medios necesarios”, explica Ana Belén García, maestra del CEIP Nuestra Señora de la Antigua en Almensilla, Sevilla, al ser preguntada por si contaban con las herramientas necesarias para continuar con las clases onlines.  Pero no fue el único centro con problemas, estos se repetían una y otra vez en todos los colegios e institutos del país. 


“Yo sí tenía herramientas, pero mis alumnos no. A algunos les fotocopiábamos las tareas y a través de asuntos sociales se las hacíamos llegar porque no tenían los medios necesarios. Tengo la suerte de que mi cuaderno del profesor es digital y contaba con tablet. Pero para poder hacer las videollamadas pasé por diferentes "pizarras" hasta que me tuve que comprar una para hacer más cómodo mi trabajo”, coincidía Cristina Pérez, profesora en el IES Profesor Juan Bautista en El Viso del Alcor. 


Aún así, los más perjudicados fueron los alumnos, y es que, según los datos de COTEC, aquellos que contaban con rentas más bajas, debido a la brecha digital y sociocultural de las familias, se desprendieron de este proceso educativo, bajando su indicador de aprendizaje hasta por debajo del 1,5 (antes del confinamiento estaban por encima), mientras que a aquellos estudiantes de ingresos altos y medios no tuvieron problemas, es más, subieron su índice. De esta forma, la Covid-19 golpeó de forma contundente a las familias más humildes impidiendo ejercitar el derecho a la educación. 


Y es que aunque parezca que no, para la mayoría de los estudiantes las clases onlines fueron mucho más difíciles que las presenciales: “Durante el confinamiento fueron un poco intensas, ya que casi todos los profesores mandaban más deberes, incluso en días que esa asignatura no tocaba, por lo que tenías que hacer los deberes de las asignaturas del día correspondiente más los que te mandaban de asignaturas que te tocaban”, explica Eduardo Antonio Reales García alumno de 3º ESO del IES Ramón y Cajal, Tocina (Sevilla). 


Otra consecuencia del confinamiento fue la reducción del temario en colegios e institutos. Algunas asignaturas fueron más difíciles de impartir y, tanto maestros como profesores, tuvieron que eliminar contenidos, “las medidas y la geometría no la pude dar porque considero que es algo muy abstracto y prefiero enseñarlo en persona, permitiendo al alumno medir, tocar, ver,... en directo. En ciencias igual, hay contenidos de Naturales que es mejor verlo en un laboratorio o haciendo alguna práctica en clase”. 


Los más perjudicados fueron los alumnos de primaria. Para ellos fue más difícil que para los de secundaria, pues manejaban las tecnologías con más dificultad, además, no contaban con las ayudas de sus padres, la mayoría estaban trabajando desde casa, para sobrellevar la situación. 


Víctor Haro, estudiante del CEIP Gines Morata lo recuerda así: “no tenía a nadie para resolverme las preguntas y tenía muchas tareas de todas las asignaturas”. Por otro lado, en la misma casa que Víctor, su hermano Enrqiue que estudia 1º de ESO en el I.E.S Albaida (Almería) recuerda  el confinamiento de la siguiente forma: “todos los días tenía videoconferencias de Lengua y Matemáticas. De las demás asignaturas nos mandaban la tarea por la plataforma moodle y por gmail. Al principio era muy agobiante por la falta de organización pero después se organizaron más.”


Sobre este asunto también se pronuncia Ana Pérez, madre e integrante del AMPA del CEIP Gines Morata, mucho agobio y sin saber cómo organizarme para estar con ellos. Los profesores no tenían conocimiento de las herramientas y plataformas que usaban por lo que frustraban más a los alumnos en vez de ayudarlos a desenvolverse”.


Y entre prisas y todo el caos generado llegó el verano. La educación acabó otro curso y el período estival sirvió para despejar a todo el sistema educativo que, durante meses, había estado viviendo una situación compleja y diferente.


La pandemia continuó durante todo el verano y, al igual que los ciudadanos, viajaba con ellos. Las medidas impuestas por el Gobierno iban cambiando según el número de contagiados y fallecidos que iban notificando. Septiembre llegó, y con él las aperturas de las aulas en todo el país. Las cifras de contagiados en ese momento eran de medio millón hasta ese mes, y con ello, 30.000  fallecidos. Hasta el último minuto no se supo bien qué se iba a hacer, si iban a abrir, si se volvería a lo virtual… Abrieron, con muchas medidas, por ejemplo, las aulas tenían que bajar el ratio de alumnos, especialmente secundaria, destinar más fondos a la educación, asimismo, mejorar la formación digital de los docentes, además de renovar las plantillas en todos los niveles. Por otro lado, reducir el déficit de titulados en bachilleratos y FP y evitar la entrada de padres y madres al centro educativo.


“Tenía muchas ganas de empezar porque sentía que dando las clases online no iba a estar lo suficientemente preparada para el siguiente curso”, admite Irene Rodríguez, estudiante del IES Arrabal, Carmona. 


Las clases comenzaron, y con ellas los alumnos y docentes volvieron a las aulas. Para finales del noveno mes  del año, según un mapa de El Español, 70 colegios ya habían cerrado sus puertas, la mayoría en Andalucía y Castilla- la Mancha.  Y es que la preferencia por las clases de formato presencial es evidente, tal y como nos comentaba el hermano de Víctor, Enrique Haro: “prefiero presenciales porque si tengo alguna duda en la tarea puedo preguntar o si necesito que me expliquen algo. También porque estoy con mis compañeros y el día se pasa mejor y más rápido.”


En cuanto a medidas, en el colegio están más reguladas y controladas que en el instituto (salvo en excepciones por ser niños/as más pequeños/as)”, explica Manuel Haro, padre y miembro del AMPA en el IES Profesor Juan Bautista. Haro tiene dos hijos, uno en primaria y otro en secundaria. Pero estas medidas no evitaron lo inevitable, los contagios en los centros educativos se producían y algunos tuvieron que cerrar durante un tiempo.  

Medidas de seguridad en el IES Maese Rodrigo, Carmona| Fuente propia

Uno de los problemas que más han perjudicado a los docentes ha sido la poca ayuda que han recibido para impartir las clases, tanto durante el confinamiento, como a la vuelta. “Algunos maestros usamos batas y todos mascarillas tipo FFP2, que nos debemos costear de nuestro bolsillo”, explica Ana Belén García. 


Todo esto ha provocado que la enseñanza se haya visto obligada a mejorar a pasos agigantados. Con la pandemia, se “obligó” a utilizar las tecnologías que, a veces, se han negado a usar. Los propios profesores son conscientes de las habilidades que tenían antes de la pandemia, y por ello se han visto forzados a mejorar durante el confinamiento a contrarreloj. Ana Belén nos confiesa que: “creo que hemos dado un avance forzado en Nuevas Tecnologías, pero aún queda mucho por conseguir. Si los medios no mejoran volveremos a estancarnos. Hoy mismo mis alumnos se han traído ordenadores y tablets de casa para trabajar en clase, porque considero que debemos seguir potenciando lo que ya hemos aprendido, pero no todos han podido traer porque no todos tienen, el cole ha proporcionado a los que no traían, pero es complicado porque los ordenadores están obsoletos, les faltan teclas…”.


La incorporación de las nuevas tecnologías en las clases es una realidad, pero aquellos alumnos que no pueden disponer de los nuevos dispositivos le es complicado seguir las clases. Por lo que, la mejora es sustancial pero el cambio es un término más a largo plazo.


Esto plantea un estudio muy profundo sobre la educación y la importancia de la inversión en ella. Siendo la educación la base primordial de la sociedad y el sector principal durante muchas épocas de la historia, por lo tanto, necesita adaptarse a los momentos para poder seguir teniendo ese carácter de importancia que ha tenido y tiene. Asimismo, una pregunta clave sería: ¿habrá sido la COVID-19 la promotora de la mejora de la enseñanza española para un futuro?


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