» María Esther era una menor que fue asesinada en 2011 por otro joven, también menor de edad, en el año 2011. Al asesino le faltaban pocos días para cumplir los 18 años, pero a la hora de ser juzgado, lo fue de manera distinta a conforme se suele hacer con los mayores de edad. Hoy en día, los padres de la víctima siguen intentando hacer justicia para que el asesino sea juzgado como a una persona mayor o igual a los 18 años ya que la condena les parece insuficiente.
| La sociedad sigue pidiendo justicia por María Esther | Imagen: ABC |
19 de enero de 2011. María Esther era una chica de 13 años que había quedado con unos amigos en una zona que suelen frecuentar los jóvenes de la localidad donde vive con sus padres y sus dos hermanas, Arriate. Después de esa noche María Esther se despide de sus amigos y se va a su casa, pero en realidad nunca llega. Su cadáver aparece por la mañana en una casetilla que se encuentra cerca de la piscina municipal y tiene claros indicios de violencia.
En un pueblo de 2000 habitantes, este ha sido uno de los momentos más duros de su historia. Fue un caso terriblemente dramático. De un día para otro el pueblo se llenó de medios de comunicación que cubrían un suceso nuevo.
Muchos de los vecinos decían que la familia era muy querida
en el pueblo, y que María Esther era una
chica muy alegre que todo el mundo conocía en Arriate. Al fin y al cabo había estado estudiando en
el municipio y tenía muchos amigos con los que quedaba en la parada del
autobús. En esta parada era donde los jóvenes de la localidad quedaban para
pasar tiempo juntos. Este sitio fue el último en el que se vio con vida a María
Esther.
Después de que se descubriera el cuerpo de la niña comenzó
la investigación policial buscando al culpable. Todo el pueblo estaba
consternado, por lo que empezaron a investigar junto a la policía y ofrecieron
mucha ayuda a la familia.
No pasaron muchos días hasta que uno de los amigos de El
Vaca dio el chivatazo a la policía. Este amigo, el cual siempre ha permanecido
en el anonimato, dijo a la policía que días antes del asesinato El Vaca le
había dicho que quería violarla y asesinarla. Estas declaraciones habían pasado
desapercibido ya que no lo tomaron en serio. Poco después la policía arrestó a "El Vaca", cuyo nombre real era Rubén.
Así fue como empezó el juicio contra Rubén. Las huellas
encontradas en la ropa del cadáver coincidían, pero no se encontró la ropa que
llevaba ese día tras el registro a la casa de sus abuelos donde vivía.
EL JUICIO
Rubén lo negaba absolutamente todo, pero las pruebas lo señalaban. Así comenzó el juicio. Se le realizó una autopsia al cadáver de
María Esther. El cadáver presentaba heridas tanto en la cabeza, como en la cara
y los brazos.
Los padres de María Esther estaban totalmente consternados.
Por la parte demandante defendía Barbara Royo, una abogada que tendría bastante
fama poco tiempo después por ser la abogada también de José Bretón, el asesino
de Ruth y José. Por la parte de Rubén encontrábamos a Andrés Gálvez.
Según un informe escrito por la Audiencia Provincial de Málaga el juicio fue algo largo ya que Rubén llegó a interponer un recurso de
apelación fundado sustancialmente en vulneración de diversos preceptos
constitucionales y legales. Este recurso no llegó a buen puerto para El Vaca y
se continuó con el curso normal del juicio.
Este informe también habla de que, en algún momento sin
conocer los motivos de ello, Rubén empezó a golpear a María Esther con sus
puños e intentó asfixiarla, pero no consiguió matarla. La joven intentó
defenderse, por eso las heridas de los brazos y de las manos, pero cayó a
suelo. En ese momento en el que María Esther se encontraba indefensa El Vaca
cogió una piedra de casi 4kg y empezó a propinarle golpes en el cráneo.
Finalmente María Esther murió. El Vaca, probablemente arrepentido por lo que
había hecho, le puso la capucha de la chaqueta al cuerpo ya inerte y se fue. El
golpe con la piedra en el cráneo le ocasionó un traumatismo craneoencefálico
severo con fractura tanto de la bóveda como de la base craneal lo que le causó
una hemorragia subaracnoidea y un edema cerebral que provocaron su
fallecimiento.
En este momento encontramos un gran dilema. El Vaca tenía 17 años por lo que era juzgado por la Ley del Menor. La sentencia culmina de la siguiente forma, los nombres de los menores fueron cambiados por otros para respetar su intimidad.
"Se impone a Heraclio , al resultar el mismo autor de un delito de asesinato del articulo 139 del Código Penal , las medidas de reforma de ocho años de internamiento cerrado y cinco años de libertad vigilada. En ambas medidas se incidirá en la prevención del consumo y la deshabituación, sometimiento a programas de tipo formativo-profesional y trabajo a nivel de autoestima, empatía, autocontrol personal, resolución adaptativa de conflictos de interacción y competencia social. El menor Heraclio y sus padres, Elias e Magdalena , de forma solidaria deberán abonar a Olegario la cantidad de Cien Mil euros (100.000 €), a Fátima la cantidad de Cien Mil euros (100.000 €) y a Marí Luz , a través de sus representantes legales, la cantidad de Veinte Mil euros (20.000 €).”
Finalmente cumplió todos los años que debía en la cárcel y
en un centro de Menores de Torremolinos.
LA VIDA DE "EL VACA"
Después de que Rubén cumpliera la pena impuesta por la
Audiencia Provincial de Málaga no volvió a Arriate. De hecho los abuelos del
joven intentaron tranquilizar al pueblo de Arriate diciendo que Rubén nunca
volvería a pisar Arriate. Muchos vecinos
estaban realmente preocupados con que volviera Rubén al pueblo y la gran
mayoría estaban de acuerdo con que no volviera y con que la pena no había sido
suficiente. Los recuerdos de María Esther seguían latentes en los recuerdos de
muchos vecinos de Arriate. Los abuelos parecen ser los únicos familiares de El
Vaca que siguen en Arriate ya que llevan toda su vida allí. No conceden
entrevistas habitualmente y evitan hablar del tema. Aún así hace unos años
hablaron para un programa de Telecinco llamado El programa del verano.
Los abuelos no querían siquiera enseñar sus caras en
televisión y en general la familia es muy reticente a la hora de hablar de todo
lo que pasó. Los abuelos habían prácticamente criado a Rubén ya que vivían en
la misma casa. Afirmaban que siempre ha sido inocente y que él es un chico de
buen corazón. Durante la entrevista incluso pidieron perdón a la madre por todo
lo que había ocurrido.
La abuela de Rubén decía que él mismo le había dicho lo
siguiente: “Abuela, yo no quiero volver a Arriate, antes de volver a Arriate me
voy debajo de un puente”.
Durante el tiempo que estuvo internado estudió un grado de
peluquería y se fue a Málaga a trabajar con su hermana. Justo al salir de la
cárcel mandó una carta a la familia de María Esther pidiendo perdón por todo lo
ocurrido, carta que terminó llegando a las manos de los medios de comunicación
más importantes de España.
La carta, según cuenta el periódico El Español, decía lo
siguiente:
“Me arrepiento de lo que hice. Me tenían que haber condenado
a 25 años, y no a 8, pero la ley es la ley. Ocurrió lo que ocurrió porque yo
iba muy puesto. Cuando me di cuenta que estaba muerta, me entró miedo. Soy
consciente de que acabé con la vida de una niña y que ha destrozado dos
familias, la suya y la mía. Lo he pensado todo mil veces. Ahora me voy a vivir
a Málaga. He alquilado allí un piso. Voy a trabajar como peluquero en un
negocio familiar, con mi hermana.”
Después de esta carta no se ha sabido nada más de Rubén y a
día de hoy es prácticamente ilocalizable. Aún así la familia de María Esther
sigue luchando por conseguir que la ley cambie para que crímenes como estos no
se resuelvan en tan pocos años, para que las reinserciones sean reales y para
que ni vuelvan a ocurrir casos como el de su hija.
ENTREVISTAS AMIGO VACA Y VECINOS
Para conocer más sobre el caso y tener una completa idea de
lo que ocurrió, el medio se ha desplazado hasta el lugar de origen, hasta Arriate.
Aquí se ha tenido la oportunidad de indagar un poco más sobre, en este caso, el
acusado, ‘El Vaca’, y se ha podido hablar con gente de su entorno, sus vecinos
y amigos.
Rubén era un chico conocido en el pueblo, proveniente de una
familia trabajadora y respetuosa, como afirman algunos vecinos del pueblo. El
acusado era un adolescente completamente normal. Se reunía con el resto de
amigos en la parada de autobuses del mismo pueblo, que era el punto de reunión
de los jóvenes por aquel entonces, y tenía buen trato con todos los demás,
tanto niños más pequeños que él como con los más grandes. Es por esto, por lo
que a los vecinos les pareció aún una tragedia mayor lo sucedido, ya que nadie
esperaba que Rubén fuera a actuar de esta manera y sin ningún motivo aparente.
El medio ha tenido la oportunidad de hablar con uno de los que,
por aquel entonces, era su mejor amigo, pero ha preferido mantener su anonimato
(lo llamaremos P). P, asegura que no se podría haber imaginado jamás que él
fuera a hacer algo así, pero si piensa que fue completamente intencionado y
planificado de manera previa. Como se ha podido saber por el desarrollo del
caso, Rubén le contó el plan a un amigo suyo antes de actuar, pero P al
principio no se lo creía, porque ni le notó cambios días previos a lo ocurrido
ni jamás le comentó nada. “Siempre fue un buen amigo, me trataba bien y
pasábamos mucho tiempo juntos hasta la adolescencia”, son las palabras de P
cuando se habla sobre cómo era él antes del asesinato. Pero a pesar de esa
unión que tenían por aquel entonces, P no cree en una reinserción para ‘El
Vaca’ ni tampoco le regalaría su perdón como amigo. “Yo creo que lo que se hizo
no se hizo sin querer, fue intencionado. Al poco tiempo de que sucediera todo
llegó a mis oídos que puede que tuviera esquizofrenia. No se si será verdad,
pero yo como amigo suyo que era jamás lo podré perdonar.”, nos contaba P, quien
también nos aseguró que casi ninguno de los que por aquel entonces se juntaban
con él volvieron a ser sus amigos.
Algo de lo que están de acuerdo tanto los vecinos de Arriate como
P, es que Rubén no debería haber sido juzgado como un menor y que la Ley del
Menor debería revisarse. “Lo que hizo ‘El Vaca’ se hizo a sangre fría, merece
estar más de 8 años encarcelado y pagar verdaderamente por quitarle la vida a
una niña inocente que tenía toda la vida por delante.”, es lo que piensan los
vecinos de Arriate.
Para ellos, el 19 de enero de 2011 les fue arrebatado lo más preciado que tenían. Se ha contactado con Juan Isidoro Jiménez, el padre de María Esther, quien dice sacar fuerzas mediante la fe: “gracias a que estamos en la Iglesia y creemos en Dios, nos hemos hecho fuertes para seguir”. El motivo de su retorno de Arriate a Paterna de la Rivera recae en el desempleo de ambos progenitores tras el asesinato de su hija: “nos vinimos a nuestro pueblo, que es donde tenemos que estar”.
Uno de los principales interrogantes del caso es la motivación de ‘El Vaca’ para cometer el crimen. La relación entre María Esther y Rubén V. R. era amistosa pero, tal y como afirma Juan Isidoro, el ataque fue injustificado y sin precedentes: “él tenía planeado matar a una menor, violarla y matarla; se lo dijo a alguien cercano varias veces antes, pero no le hizo caso”. Fue esa persona conocida la fuente que finalmente proporcionó la información necesaria a la policía para el arresto de Rubén y que, más tarde, testificó en el juicio.
El delito del asesinato se encuentra recogido en el artículo139 del Código Penal. Está castigado con una pena mínima de 15 a 20 años de
prisión, elevándose hasta los 25 años, o incluso con cadena perpetua o pena de
muerte en algunos países. Si bien, existen algunas circunstancias específicas
que pueden agravar la sanción del delito, como si este se comete con
ensañamiento y alevosía. Lo primero, se define como «aumentando deliberada y de
forma cruel el dolor de la víctima»; lo segundo, consiste en «el empleo de
medios en la ejecución que tiendan directa y especialmente a asegurarla, sin
riesgo para el agresor que proceda de la defensa que pudiera hacer la víctima».
Por ejemplo, cuando se aprovecha la particular situación de indefensión del
agredido, si «la ejecución es súbita e inesperada, o por sorpresa».
‘El Vaca’ fue condenado a ocho años de internamiento amparado por la Ley del
Menor. Probablemente, éste sea el aspecto más ambiguo y controversial del caso.
“La pena para nosotros no es suficiente”, señala Juan Isidoro. “Para nosotros
no fue justa porque si hubiera sido cadena perpetua mucho mejor”. Opina que,
mientras su hija no vuelva a la vida, él tampoco debe salir de la cárcel.
La familia Jiménez, como muchas otras, lleva luchando años
para modificar la Ley del menor, recogiendo firmas y contando con un gran apoyo
de la ciudadanía. Sin embargo, piden una implicación necesaria del Gobierno:
“nos hemos juntado muchas familias como las de Marta del Castillo, Sandra Palo…
recogiendo firmas para el cambio de la Ley del Menor y no conseguimos nada, así
que no creo que eso se solucione tan fácil”.
Los Jiménez no creen en la posible reinserción de Rubén V.
R. en la sociedad: “una persona que se ha llevado meses pensando en asesinar a
una persona no es capaz de reinsertarse”. Juan Isidoro lo describe a su vez
como una persona fría: “en el juicio nosotros teníamos la pantalla de forma que
no pudiésemos verlo a él, pero tanto él como los padres estaban viendo lo que
decían los forenses como si fuera una película”.
La familia de
María Esther nos informa de que todavía no ha efectuado el pago correspondiente
a la indemnización de 220.000 euros: “a nosotros nos ha dado una calderilla, de
hecho creo que nos dio 90€ porque vendió un móvil y como estaba a su nombre
pues nos dieron el dinero”.
OPINIÓN DE LOS PROFESIONALES
Sobre los centros de menores se ha erigido una mistificación
y un prejuicio que daña a los que se dedican a la protección de los mismos, y
es que hay que diferenciar los dos grandes bloques a los que se dedican los centros
de menores. Nos encontramos con los centros de protección y los centros de
reforma.
Por un lado, los centros de protección de menores son
aquellos establecimientos destinados al acogimiento residencial de menores
sobre quienes se asume u ostenta previamente la tutela o Guarda, sin perjuicio
de la atención inmediata que se les preste cuando se encuentren
transitoriamente en una situación de desprotección. Es decir, los menores son
retirados de sus familias por graves situaciones de desamparo y la Comunidad
Autónoma se convierte en responsable de su tutela. Por otro lado, los centros de reforma son instituciones públicas o privadas que acogen a jóvenes de entre
14 y 17 años que hayan cometido delitos graves.
Cada vez son más quienes se unen a la petición de una
reforma de la Ley Penal del Menor, cuya finalidad es imponer medidas
sancionadoras-educativas que consigan resocializar a los menores. Así nos lo
dice el abogado de la familia, “No debemos olvidar que el espíritu de la Ley
Penal del Menor (Ley Orgánica 5/2000, de 12 de enero) es imponer medidas
sancionadoras-educativas que consigan resocializar a los menores infractores,
es decir evitar el “castigo” pues éste sólo conseguirá un mayor aumento de la
rebeldía y/o agresividad del joven de cara a su etapa adulta”.
Sin embargo, esta finalidad parece leve y optimista en
demasía cuando hablamos de casos de extrema violencia. Los expertos nos
comentan que una condena solo es justa si consigue que se cumpla el objetivo de
la ley del menor “Si no se han conseguido dichos propósitos, que como digo son
los que inspiran la Ley Penal del Menor en su Exposición de motivos, podría no
haber sido una condena adecuada”, pero ¿qué ocurre cuando la reinserción no
funciona y el agresor se encuentra con la libertad? La minoría de edad implica
inimputabilidad porque no se le aplica el Código Penal ya que se considera que
no tienen madurez para comprender el alcance del mismo. No obstante, los casos
de extrema violencia siguen en el aire.
Ana nos habla sobre la reinserción, “ yo como profesional,
creo en una reinserción. Creo en los trabajos que se hacen, tanto dentro de
estos centros como en los centros de tutela. Es cierto que hay ciertas
personalidades que son más tendentes a una reinserción o un desarrollo
normalizado fuera de la cárcel que otros” Por ejemplo, los casos de
connotaciones sexuales, abusos o violaciones,
suele tener un porcentaje de reinserción mucho más bajo. Las
intervenciones y terapias no parece que tengan tanto éxito. “Es más, este caso
en concreto, cuando escribe la carta a los medios después de haber salido de
prisión, pues seguramente las intervenciones recibidas que hayan tratado a
nivel afectivo, que hayan tratado sus sentimientos y sus emociones, cómo
gestionarlo, cómo gestionar las frustraciones que tiene en su día a día y las
terapias que recibe día a día, pueden tener beneficios en estos menores. Yo
creo en una reinserción con un trabajo bien hecho por parte de los
profesionales, pero es verdad que no todas las personas son proclives a una recuperación
de su personalidad”. Ana, psicóloga, opina que no hay reforma generalizada al
gusto de todos, “El que se juzgue como un menor es normal, es la ley. Si tienes
17 años y 11 meses sigues siendo menor de edad, por lo tanto te van a juzgar
como un menor de 18 años, no como un adulto. Por eso los años que te sentencien
se asocian con la ley del menor. Es más, es que si se cambiara la ley a que se
juzgara a partir de los 17, los de 16 y 11 meses también se quejarían. Aquí lo
que hay es un problema más profundo con el tema de la ley del menor, que yo
pienso que los políticos deberían mirarlo, porque hay menores que, no con 17,
si no con 11 y 12 que cometen delitos casi como adultos”.
A los 18 años, los menores abandonan los centros. Los que
cuentan con algún tipo de apoyo familiar tienen más posibilidades de rehacer
sus vidas. No existen informes globales que analicen de forma rigurosa qué pasa
con los chavales cuando salen de los centros de menores y que evalúen los
resultados de las medidas de internamiento. Según la Asociación Pro Derechos
Humanos de Andalucía, el ingreso en centros supone una fuerte
despersonalización y produce el síndrome de institucionalización, con
deterioros psicológicos por las estancias demasiado prolongadas. Un informe de
esta asociación indica que tras su paso por los centros de reforma, el 80%
acaban ingresando en cárceles de adultos.
La revisión de la Ley del Menor sigue siendo un tema
delicado para tratar en el que ni los profesionales del campo se deciden. En
cuanto a la pregunta de si es una ley que debiese equipararse al Código Penal,
el abogado nos responde que en todo caso sería partidario de una revisión de la
Ley en cuanto a las medidas a imponer a los menores en casos donde haya
acontecido un suceso con extrema violencia o intimidación, pero no equipararse
a la de los adultos. “Como manifesté anteriormente, se pretende del joven
infractor una reinserción y reeducación en la sociedad que forme a un adulto
con buenos valores y perspectivas de futuro, y ello no se consigue con penas de
mayor duración, sino con medidas con un buen contenido educativo y formativo”.
Muchos de los familiares de este tipo de casos siguen
luchando hoy en día por una ley más justa en la que los asesinos, ya sean
mayores o menores de edad, cumplan justicia. Y denuncian que los que acabaron
con la vida de sus hijos estén ya en la calle. Todas estas familias se unieron
para buscar firmas para cambiar esta situación y cambiar la Ley del Menor la
cual para ellos no es suficiente. ¿Reinsertar o castigar? He aquí el debate.
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