» El almacén de residuos nucleares de Hornachuelos debe perdurar 300 años activo
| Maqueta que muestra cómo quedan sellados los barriles después de verter hormigón. | Fuente: Paco Puentes/El País |
La energía nuclear es fundamental en el proceso de transición energética. Ese es uno de los argumentos que esgrime la sociedad nuclear en España. Actualmente, con la subida de la luz, este tipo de energía es llevada a la palestra por muchos motivos, y entre ellos porque puede ser más eficaz y económica además de reducir las emisiones de CO2.
Ahora bien, aunque en Andalucía no haya centrales de energía atómica, sí que hay un amplio vertedero de residuos nucleares. Este, denominado El Cabril, se encuentra en Hornachuelos, Córdoba y se almacenan residuos de muy baja o media actividad de toda España y es un problema tanto en el ámbito pronuclear como en el contrario.
El Cabril se remonta en la época del régimen franquista, en 1961, cuando Franco decidió almacenar la basura radiactiva en el interior de una mina de uranio en desuso. La primera vez que se comenzó a almacenar los residuos en el lugar, fue cuando un camión trasladó varios bidones sin que los vecinos de municipio lo supieran.
Nuclear y negatividad
La energía nuclear, inevitablemente, se ha visto en muchos casos cubierta de un manto de misterio, ambigüedad y oscuridad que le han hecho relacionarla solo con una parte negativa. Los accidentes, unidos al secretismo de muchos gobiernos por su uso para fines bélicos décadas atrás, son los principales promotores de esta visión haciendo que la población se centre en ciertos momentos fatídicos -la mayoría provocados a raíz de errores humanos- sin prestar atención a cualquier otra cualidad que pueda ser positiva.
El Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), el organismo encargado de medir la opinión de la población española, desde hace una década no incluye preguntas sobre la energía nuclear en sus estudios, concretamente desde 2011. El último dato que relaciona a la ciudadanía con la energía nuclear es el aportado por la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT) realizado en 2018.
A través de este estudio, podemos saber la percepción española acerca de la energía nuclear. Los datos revelan un 43,75% de ciudadanos que ven en la energía atómica muchos riesgos frente a un 3,15% que considera que no tiene ninguno o un 5,21% que los clasifican como pocos.
Si por el contrario, nos centramos en los beneficios, las cifras que se arrojan son de un mayor porcentaje de españoles que piensan que la energía nuclear tiene algunos beneficios (29,17%), mientras que el 14,58% consideran que no tienen ninguno.
Manuel Lozano Leyva, catedrático en Física, da un punto a favor para la energía nuclear frente a las renovables, ya que estas últimas coexisten con la meteorología: “dependen de que cada día tiene su noche, que las borrascas duran una semana o dos y que cada año llueve de una manera diferente”. Por el contrario, la energía nuclear es permanentemente estable. Lozano también apunta que la energía atómica hace una recarga de “combustible” cada año y medio y el costo de las recargas de uranio no llega ni al 10% de lo que cuesta operar en la central. Con esa carga, la producción es totalmente constante.
¿A favor o en contra?
Por lo tanto, todo lo negativo que arrastra la palabra nuclear también lo hace el único cementerio de residuos radioactivos de España.
ENRESA es la entidad pública que tiene como función hacerse cargo de la gestión de los residuos nucleares que se generan en España. Además, no solo lleva a cabo la gestión de unos residuos que se generan en centrales nucleares, sino también en medicina, investigación e industrias, garantizando el control y vigilancia de este tipo de materiales y evitando un riesgo innecesario a la población y al medio.
Por su parte, tal y como apunta el diario El Salto, ENRESA proyecta la creación de las instalaciones que hay actualmente en el I Plan de Residuos Radiactivos, aprobado en noviembre del 87. La memoria del proyecto recogía que la instalación debía almacenar bultos de residuos radiactivos de media y baja actividad y vida corta, lo que se traduce en peligrosos para las personas y medio ambiente durante unos trescientos años.
No obstante, Eva Noguero, directora del almacén de El Cabril, explica que los residuos llegan acondicionados en bidones. Una vez en las instalaciones son introducidos en contenedores de hormigón. Tras completar su capacidad, se le inyecta mortero. Cuando la celda de almacenamiento está llena, se cierra con una losa de hormigón armado y se impermeabiliza. El proceso se finaliza con una cobertura formada por diferentes capas de materiales drenantes e impermeabilizantes que termina con una última capa de tierra vegetal. A partir de ahí, comienza la fase de vigilancia y control del emplazamiento, con una duración estimada de 300 años.
Este lugar ha dado multitud de opiniones a favor y en contra en sus varias décadas de actividad. Tal es el grado de controversia que en el año 2000 se creó Hornasol, una asociación que en su momento luchó contra la construcción de El Cabril, y que a día de hoy trabaja para conseguir su cierre. Manuel Raya, su presidente, indica al medio que los mismos motivos que tenían para pedir que no se construyera son los mismos que tienen para pedir su eliminación.
| Imagen de una manifestación de Hornasol. | Fuente: Manuel Raya, presidente de Hornasol |
Por otro lado, Noguero contrarresta afirmando que “El Cabril es una instalación regulada y controlada por el CSN”. Del mismo modo que hace hincapié en que este almacén sólo recibe los residuos para los que está autorizado y que han sido previamente aceptados.
Un debate que ha estado durante mucho tiempo en la mesa ha sido la ampliación de sus instalaciones. El pasado 19 de mayo, el gobierno central plasmó por escrito la necesidad de llevar a cabo dicho proceso. Una decisión que desde Hornasol ven como un gran error y piensan alegar como han hecho en otras ocasiones.
La perspectivas de futuro de las centrales nucleares españolas es el cierre. Ante este porvenir, Manuel Raya aboga para que esos residuos se queden en las centrales nucleares. Del mismo modo, pide contundentemente que los daños y perjuicios que han sufrido los pueblos colindantes, Hornachuelos el principal, tienen que pagarse.
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