| Fuente: CincoDías |
Falta obra de mano cualificada. Ese es el grito, rozando en algunos sitios la desesperación, de la patronal de las constructoras. Este problema se extiende a toda la geografía española. Concretamente, en Andalucía se estima que se necesitan 119.000 obreros. La paradoja de esto tiene que ver con la época en la que ocurre cuando el sector está levantando cabeza tras la colleja -con necesidad de collarín- que la crisis del 2008 le asestó en su cerviz.
Ante esto cabe preguntarse, ¿ahora qué? ¿Dónde están los que faltan?. Pertenezco a una generación en la que la crisis del 2008 ha condicionado no nuestro presente, pero si nuestro futuro. Esa influencia se demuestra a tener muy pocos compañeros que no han abandonado los estudios para trabajar en el campo o en la obra por miedo a no encontrar trabajo. Pensamiento, todo sea dicho, muy racional viendo la situación. Pues como mi promoción, las siguientes y anteriores ha ocurrido lo mismo.
Claro, en un contexto donde se 'desprecia' al que no quiere seguir estudiando y se trata, en algunas familias y despachos de orientadores, casi como una crisis de estado, ha originado que "[el niño o niña] entre en lo que sea, menos que tenga que poner ladrillos". Esa concepción social unida a una época en la que la construcción no podía sacar pecho porque estaba herida de muerte, ha propiciado lo que pasa.
Dicen los trabajadores de la construcción que hay que hacer atractivo este mundo para que los jóvenes puedan formarse y trabajar, pero ¿cuántos querrían?. Vengo de una familia llena de oficiales y peones de albañilería, algunos de ellos, primos que en los años de bonanza abandonaron los estudios buscando el dinero fácil. A día de hoy, algunos siguen y otros han tenido que reconvertirse en otras ocupaciones. Los oficiales cada vez están más cotizados porque no tienen relevo generacional, mi padre, a sus cincuenta y dos años es uno de ellos y lo vive diariamente.
Si queremos cambiar la óptica de la juventud con respecto al sector ya vamos tarde si queremos encontrar una sustitución a todos los que poner rodapiés le suponen cierto dolor en las lumbares por el paso de los años. Se necesita una estrategia entre Comunidades, Fundación Laboral de la Construcción y Ministerio de Formación Profesional para ofertar formación dual actualizada sobre la albañilería -una suerte de las antiguas Escuela Taller modernizada- que esté acorde a las nuevas técnicas sin olvidar los trucos que siempre han distinguido en las obras quién era el maestro y quién no.
Si seguimos en esta senda filoacadémica de rechazo a todo lo que no se aprenda con manuales llenos de APA, llegará el punto en el que para hacer una casa habrá arquitectos, aparejadores, topógrafo, técnico de energía renovable y solo un peón, si lo hay, para hacer una edificación porque, al paso que vamos, los oficiales estarán jubilados.
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