El pensar del siglo XXI - Diario Andaluz

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lunes, 31 de enero de 2022

El pensar del siglo XXI

 

Persona viviendo en la calle | Fuente: M.J.P


El pasado 19 de enero, nos levantábamos con la noticia de que el famoso fotógrafo, René Robert, había fallecido. Pero su muerte no se produjo en unas circunstancias cálidas, ni de despedida. El artista dijo adiós a este mundo congelado en una calle de París a sus 84 años, tras sufrir una caída.


Hace unos días no había otro tema de conversación que no fuera el enfado por no llevar a Rigoberta Bandini con su canción ay mamá a Eurovisión. Una canción que aboga por el poder de la mujer y de la importancia que tenemos en este mundo, o a las Tanxugueiras con terra, una canción que hacer referencia a que no hay fronteras entre países. Cuando ocurren estas cosas y ves que, a lo mejor no toda la población, pero si la mayoría lucha por seguir avanzando en unos ideales comunes y de respeto hacia todos, refuerzas esa base de confianza en la ciudadanía.


Sin embargo, otros días te levantas con noticias como esta, una persona mayor se ha caído en la calle y finalmente fallece porque nadie ha sido para prestarle dos minutos de su tiempo, porque nadie ha llamado a una ambulancia, porque nadie se ha preocupado por si esa persona estaba bien. Estas cosas hacen que pierda esa poca confianza que había trabajado por tener.


Nos esforzamos en defender la eutanasia porque todo el mundo tiene derecho a morir dignamente, luego vemos a una persona morirse en la calle y miramos para otro lado sin hacer nada. Nos esforzamos en defender tantas cosas que se quedan en eso, en defender tan solo de boca.


Vivimos en un mundo en el que creemos que con dar dos discursos y ser aplaudidos cambiamos cosas. Una palabra no cambia nada, pero es que millones de palabras tampoco cambian nada. Todas esas son palabras vacías a las que la realidad, el mundo real reduce a absolutamente nada. Con tan solo un acto se cambia mucho y millones de actos sí cambian un mundo, pero eso ya no nos interesa, ahí no nos aplaude nadie.


¿Defendemos realmente las cosas por que las pensamos o por que así quedamos bien? ¿Cuánto de lo que sale por nuestra boca es verdad? ¿Somo conscientes del mundo en el que vivimos? ¿Por qué vamos a las manifestaciones? ¿Sabemos lo que defendemos?


No todo es catastrófico, evidentemente el mundo está cambiando. La apariencia avanza mucho más rápido que la realidad, aún así le sigue a paso corto, pero firme como las procesiones en Semana Santa.




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