| Acelerador de la Fundación Amancio Ortega | Imagen: Junta de Andalucía |
Esta semana a finalizado la instalación del segundo acelerador lineal en el Hospital Universitario Reina Sofía de Córdoba. Con esta inversión de 40 millones de euros se continúa con el cronograma de instalaciones a cuatro años acordado a principios de 2017 con la Fundación Amancio Ortega. Gracias al convenio y la acción conjunta de estas dos identidades, es posible llevar a cabo más de 600 tratamientos cada día.
En dicho convenio entre el
Servicio Andaluz de Salud (SAS) y la Fundación Amancio Ortega, se integran 17
aceleradores lineales, un equipo de radioterapia intraoperatoria, cuatro
equipos de tomoterapia helicoidal, una red de registro y verificación del
tratamiento, un sistema de cálculo dosimétrico y diseño del tratamiento
radioterápico, dos equipos TC de simulación del tratamiento y la construcción
de cuatro nuevas salas de tratamiento.
Desde el Correo de Andalucía informan que el trabajo de materialización de la inversión se realizó desde el Plan Integral de Oncología, centrado en elaborar el plan de acción futuro de la radioterapia en Andalucía, así como en recopilar la actividad y necesidades de los distintos centros.
Todas las instalaciones se han
organizado desde un comité director que ha velado por garantizar a los
pacientes sus tratamientos y el cumplimiento riguroso del cronograma, gracias al
control de las necesidades de los distintos centros y adjudicatarios. En todo
este proceso han participado de manera directa más de 120 profesionales del SAS,
donde cabe destacar la labor del Servicio de Tecnologías de la Información y la
Comunicación.
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| Hospital Universitario Reina Sofía informando del recibimiento de los materiales para el nuevo Acelerador Lineal de Electrones | Fuente: Twitter |
Un largo proceso
El primer paso para poder llevar
a cabo esta instalación es presentar una memoria en la que se evalúe el impacto
de seguridad radiológica para conseguir la autorización por parte del Consejo
de Seguridad Nuclear. Este proceso puede ocupar entre cuatro y seis meses. Seguidamente,
es necesario adecuar el búnker para lo que se alargará el proceso unas cinco
semanas y se dividirá en etapas. Esta primera parte llega a su fin con las
pruebas de aceptación realizadas por el fabricante con la ayuda del Servicio de
Radiofísica del Hospital.
En la segunda parte, el Servicio
de Radiofísica realiza una exhaustiva disometría de cada uno de las haces de los
aceleradores. Además, recoge todos los datos imprescindibles para elaborar los
algoritmos necesarios en la planificación de los tratamientos. Esta es una de
las partes más importantes, ya que cualquier error producido en alguno de los
tres meses que dura este proceso, puede afectar en un futuro a múltiples tratamientos.
Al mismo tiempo, destacar que de
manera simultánea el SAS ha ido añadiendo equipos de verificación disométrica
destinados a los servicios de radiofísica. Esta iniciativa a contado con un
importe superior a un millón de euros.

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